Reproducción del texto publicado en la revista "Los Campanilleros"

Jueves Santo
Cofradía del Nazareno

 

Es el día mas especial para el que escribe estas notas. Han sido muchos años viviendo, sintiendo y participando de este día tan grande con experiencias muy difíciles de contar sin caer en la nostalgia y rozar la tristeza por tantas y tantas tardes de Jueves Santo compartidas con familia, cofrades y amigos que, de una manera u otra, ya son parte de mis recuerdos y vivencias y que no cambiaria por nada.
Era un día preparado y esperado desde mucho tiempo y que, al acercarse, poco a poco se repetía el ceremonial de cada año, esto era la preparación de la iglesia, la bajada y colocación de las piezas que después compondría el trono, la transformación de la iglesia en un improvisado taller donde todas la piezas serán ordenada y cuidadosamente ensambladas para reconstruir lo que después serán los tronos que portaran las imágenes que durante todo el año permanecen expuestas al culto en la iglesia.
Todos los que están esos días en la iglesia saben perfectamente su cometido, es el trabajo mejor coordinado que jamás se haya visto. Aunque la impresión para el que pasa de visita sea la de un completo caos y desorden en realidad todos los pasos seguidos son fruto de la experiencia acumulada durante años y trasmitidos de los cofrades mas antiguos a los que por la edad toman el relevo en la tarea.
Cada uno se encarga de una cosa, desde el primer tornillo que se coloca al último ramo de flores todo esta medido y acompasado y aunque parezca que aquello nunca llegara a su fin el resultado es cada año el mismo con la variación de algún detalle introducido por acuerdo de los cofrades y la Cofradía.
Cada año se termina el trabajo en la tarde del Miércoles a espera de que las camareras acaben de dar los últimos toques de decoración floral de los tronos el mismo Jueves por la mañana con la ayuda de algunos cofrades que se dedican a seguir la instrucciones de las camareras que son las que realmente dan ese toque perfecto en la colocación de los ramos de flores en el pliegue del vestido de nuestra Virgen o en si esta pieza o aquella tapa algún detalle de las imágenes.
Ahora me vienen a la memoria tantas y tantas mañanas de Jueves Santo en las que mi madre me despertaba a mi y a mis hermanos para bajar a la iglesia y ayudar a clavar los claveles en el trono de Jesús Nazareno y sentir en primera persona la hermandad de los cofrades unidos todos por el cariño y la ilusión de saberse parte de todo aquello.
Se ultiman los últimos toques a la ropa y comienza el ritual bajando la calleja y llegando a la puerta de la iglesia donde esperan los cofrades el momento del inicio del desfile, es el primer contacto con la gente de Archidona que espera nuestro paso por las calles avisando de que la salida de la Cofradía esta cercana, las calles se llenan de colorido morado y verde, sonidos de tambores, cornetas, campanas y campanillas
Ya en la puerta de la iglesia, colocadas las bandas en espera de la salida de las imágenes y flanqueada la calle con mantillas y penitentes cuando se oye la campana y las ordenes del “Sanpedro” de la Cruz que se asoma a la puerta de la iglesia e inicia su salida a paso de himno.
La Cruz arranca su desfile y deja espacio para la que es la imagen del titular de la cofradía que sale al encuentro de los archidones, es esta sin duda alguna la mas indescriptible de las sensaciones que se pueden tener en la Semana Santa Archidonesa, es para mi el día mas grande de la Semana Santa y la demostración de que gran parte de nuestra vida se compone de un montón de recuerdos y sentimientos que salen a flor de piel en el justo momento en que el Sanpedro del Nazareno lleva su maza al encuentro de la campana que dará la orden de levantar el pesado trono de nuestro patrón y señal de salida para exteriorizar nuestros sentimientos mas profundos y nuestros recuerdos mas entrañables para los que estuvieron un día con nosotros en el mismo lugar esperando la misma secuencia y explicándonos con temblorosa y emocionada voz lo que estaba a punto de suceder.
Al ver la imagen saliendo a la calle es inevitable mirar fijamente la cara y los ojos del cristo y, sin saber como, recordar tantas y tantas tardes de Jueves Santo vividas desde la infancia, desde la primera túnica con campanilla imitando a los mayores, el paso por las cruces, el año de Mayordomo de la Cruz, especialmente emocionante por la experiencia vivida y por los acontecimientos que se desarrollaron aquel año en el que sin yo saberlo colabore a hacer un poco mas feliz a un hombre que poco después se marcharía y que tanto quería a esta Cofradía y al que además de otro sin fin de cosas le debo mi devoción y mi cariño a nuestra Cofradía.
Mas tarde vinieron las ropas de bastonero recogidas puntualmente del estanco de Pepe Aguilera y que nos eran entregadas por su mujer que con cariño y con una inagotable paciencia cumplía cada año con el impagable trabajo de seleccionar las ropas para cada uno de los que acudíamos a ella.
Llegaría después la época en la que por fin se cumplía una de las mayores ilusiones para los que queremos tanto a nuestra Semana Santa, la de ser horquillero, en mi caso fueron los primeros años debajo del trono del Cristo de la Expiración para pasar al trono de Jesús Nazareno cuando se hizo el trono nuevo con mas peso, mas várales y por tanto mas bastoneros.
Con este paso se cumplía mi mayor aspiración cofrade, la de participar en la procesión de nuestro Jesús Nazareno desde los várales de su trono, paseando su imagen por nuestras calles, sabiéndome parte de una tradición que tantas emociones despierta tanto personales como familiares.
Han sido muchos años participando en actos cofrades anteriores y posteriores a la procesión, participando en la mayoría de las actividades de la Cofradía con experiencias tanto agradables como de impotencia en días meteorológicamente en contra, de momentos compartidos con mi familia al completo dentro de la procesión, con amigos inolvidables con los que he compartido la mayoría de los momentos que he contado y con todos aquellos que ya no están entre nosotros pero que se han hecho inolvidables y parte fundamental de todas estas vivencias.
Ahora, como a muchos archidoneses que estamos fuera de nuestro pueblo, queda la ilusión de que las fechas de Semana Santa sean compatibles con la actividad laboral o quedarnos con el consuelo de los recuerdos compartidos con algún familiar o amigo que este en mi misma situación sin olvidar una llamada puntual a la hora en la que pasa la cofradía por casa y oír de mi madre lo que se esta pasando en ese momento con el sonido de fondo de tambores, murmullos y campanillas, es el relato de mi madre que entiende lo que significa este día para los que hemos nacido de su matrimonio y que también lo debe de pasar mal al no tener a su lado a parte de su familia, unos por la distancia y otros porque se fueron para siempre, a ella y a mi añorado padre dedico estas líneas con el agradecimiento de quien es Nazareno gracias a que ellos lo han sido, lo son y siempre lo serán.
Sebastián J. Gómez Luque primavera 2004